lunes, 19 de enero de 2015

La bruja Mariluja y su gato negro

Hoy os voy a presentar a Mariluja, es mi amiga desde hace tiempo y lo que más desea en el mundo es aprobar su examen oficial de bruja y conseguir su varita, pero creo que su gato no está muy dispuesto a ayudar a mi querida Mriluja. ¿Qué pasará?


El cuarto de los conjuros estaba hecho un desastre, frascos por el suelo, ojos de tritón debajo de la mesa,  escamas de dragón mezcladas con pelos de león, hojas de la planta del sueño al lado de la hierba de la risa, astillas del árbol de la verdad flotando en la pócima crecepelo. Vamos, un verdadero caos.
- Maldita sea, se me olvidó cerrar la puerta. No me dará tiempo, no me dará tiempo- gritaba la pobre Mariluja, mientras decidía por dónde comenzar a recoger.
En apenas una hora, el consejo de brujas de zona, acudiría a su castillo para comprobar si era digna de recibir la varita de bruja graduada.
 Atrás quedaban los días de estudio memorizando conjuros y las noches de prácticas y de cacerías, para lograr los ingredientes mágicos que sus brebajes necesitaban.
- Maldita bruja Cuscuja, ¿por qué te haría caso?- se preguntaba Mariluja.
 Su prima, la bruja Cuscuja, le había dicho que necesitaba un toque gótico en su vida para lograr que el comité la aceptase.
- Tienes que conseguir un gato negro, toda bruja que se precie tiene uno- afirmó Cuscuja.
La pobre  Mariluja, que lo que más deseaba en el mundo era conseguir su varita, buscó y buscó hasta que un gato, negro como la noche sin luna, encontró. Un pequeño cachorro de palas largas y mirada intensa, que nada más llegar a casa se convirtió en su peor pesadilla.
Aquel ser desconocía lo que eran los buenos modales y la educación. Corría por toda la casa, arañaba las cortinas, descolocaba los armarios, se bebía sus pociones, dormía dentro de sus gorros de bruja llenándolos de pelos y además, parecía no entender, o no querer entender, las riñas de su dueña.
Mientras movía su escoba voladora empujando los cristales rotos bajo la alfombra, en un intento por disimular aquel desastre, Mariluja maldecía la ocurrencia de su prima y las siete vidas de aquel gato, mientras, el felino, acostumbrado a los enojos de su dueña, se acomodaba, cuan largo era, al lado de la ventana, dispuesto a disfrutar de un baño de sol.




lunes, 5 de enero de 2015

Concurso de lectura

En la biblioteca pública de Noreña se ha realizado un concurso de lectura entre los niños y niñas de la zona y para ello han querido usar mis aventuras. No me puedo sentir más orgullosa al saber que tantos pequeños me conocen y disfrutan con mis historias.